Nos
hemos vuelto muy cómodos y por eso no queremos complicarnos la vida buscando a
Dios ni que Él nos la complique a nosotros
Una
de las acciones que más me reconfortan es recordar con especial intensidad que
Dios es mi Padre, aunque pienso que si cada vez es mucho mayor el número de
ateos, quiere decir que son muchas las personas para las que esto no significa
nada y podría ocurrir, que aquellos que siempre hemos puesto toda nuestra
confianza en Dios, nos sintiéramos contagiados y desanimados ante el aumento de
la increencia.
Generalmente el ateísmo se ha considerado casi siempre muy unido a la soberbia.
El hombre llega a creerse tan importante que se permite eliminar a Dios,
prescindir de él o decidir que no existe. No deja de ser un gran atrevimiento,
porque uno podría llegar a decir: Señor, no te veo, no te entiendo, no te
comprendo... Pero pasar de ahí a negarlo es un salto demasiado grande, teniendo
en cuenta lo poco que somos.
La ignorancia también tiene mucho que ver con la negación de Dios. Pero, ojo,
que ser ignorante no quiere decir que se carezca de títulos o de estudios. Una
persona puede tener carrera universitaria con muy buenas notas en esa
especialidad y ser un ignorante en otras materias como filosofía, historia,
religión... En efecto, la teología, la religión... requiere muchas horas de
estudio si uno quiere tener algo de idea. Hemos de reconocer que la ignorancia
religiosa es muy grande tanto en hombres de ciencia como en cristianos de buena
voluntad. En todo caso hay una sabiduría muy profunda que no la dan sólo los
libros y que brilla bastante por su ausencia.
Quizá por todo ello habría que añadir a la soberbia y a la ignorancia,
compañeras inseparables del ateísmo, la pereza. La pereza mental de no pararse
a reflexionar, a buscar, a leer, a investigar. Se habla a la ligera sin tomarse
la molestia de formarse ni informarse, ni siquiera pensar seriamente. Escribo
estas lineas tras una ardua jornada intentando combatir en las aulas la
ignorancia religiosa. Pero el cansancio y el estress no viene del hecho de
tener que hablar y explicar a los alumnos, sino de la indiferencia, la falta de
interés y de acogida, del desprecio a cuanto se ha vivido, investigado o
escrito sobre Dios.
En el fondo nos hemos vuelto muy cómodos y por eso no queremos complicarnos la
vida buscando a Dios, ni que Él nos complique la vida. Es la vieja táctica del
avestruz que esconde la cabeza bajo el ala pensando que así se aleja el
peligro. Para no enfrentarnos con el tema de Dios lo aparcamos a un lado. Por
eso si hubiera que clasificar a los ateos en varios grupos y quedarse con
alguno, me quedaría con los que lo son después esforzarse en buscar a Dios...
porque, además, llegarán a encontrarlo.
Autor:
Máximo Álvarez Rodríguez | Fuente: Catholic.net
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